Las cajas coloridas de las colmenas marcan presencia desde lejos, sus colores armónicos distinguen y encantan los espacios donde realizo mi trabajo, así me conecto con este mundo tan singular. Desde temprano en la mañana, las abejas viajan a buscar el polen, entonces se escucha un zumbido que indica que están disfrutando de las bondades del bosque nativo. Al atardecer, las abejas vuelven a descansan a la colmena, a la espera de un nuevo día.
Realizado la “mielada” en primavera, entre los meses de septiembre y diciembre. Este es el periodo en que las abejas recolectan el néctar de los árboles para convertirlo en miel al interior de los coloridos cajones. Dependiendo de la fecha es el extracto vegetal que recolectan, ya que los variados árboles de la zona florecen en distintos momentos, cada árbol necesita condiciones específicas de temperatura y humedad para generar su néctar.
Para que funcione la increíble dinámica que existe al interior de cada colmena, las abejas tienen una reina, ella es la encargada de la reproducción. Junto a la reina se encuentran las obreras jóvenes o nodrizas, quienes siempre se mantienen dentro de la colmena. Luego están las pecoreadoras, las que salen a recolectar el polen. Y, finalmente, las arquitectas, encargadas de limpiar los marcos y formar las típicas celdillas hexagonales.
Una vez que la cosecha terminó, la miel se transporta y lleva a la sala de extracción. Tengo una zona de descarga donde ubico todos los cajones. Luego cargo la centrífuga con una batea y comienzo a sacar la miel de los marcos. La dejo tres días en tambor, para lograr una óptima limpieza. Durante este periodo, por procesos naturales de la miel, las impurezas suben a la superficie, dejando abajo una miel limpia y pura, lista para envasar.
Las cajas coloridas de las colmenas marcan presencia desde lejos, sus colores armónicos distinguen y encantan los espacios donde realizo mi trabajo, así me conecto con este mundo tan singular. Desde temprano en la mañana, las abejas viajan a buscar el polen, entonces se escucha un zumbido que indica que están disfrutando de las bondades del bosque nativo. Al atardecer, las abejas vuelven a descansan a la colmena, a la espera de un nuevo día.
Realizado la “mielada” en primavera, entre los meses de septiembre y diciembre. Este es el periodo en que las abejas recolectan el néctar de los árboles para convertirlo en miel al interior de los coloridos cajones. Dependiendo de la fecha es el extracto vegetal que recolectan, ya que los variados árboles de la zona florecen en distintos momentos, cada árbol necesita condiciones específicas de temperatura y humedad para generar su néctar.
Para que funcione la increíble dinámica que existe al interior de cada colmena, las abejas tienen una reina, ella es la encargada de la reproducción. Junto a la reina se encuentran las obreras jóvenes o nodrizas, quienes siempre se mantienen dentro de la colmena. Luego están las pecoreadoras, las que salen a recolectar el polen. Y, finalmente, las arquitectas, encargadas de limpiar los marcos y formar las típicas celdillas hexagonales.
Una vez que la cosecha terminó, la miel se transporta y lleva a la sala de extracción. Tengo una zona de descarga donde ubico todos los cajones. Luego cargo la centrífuga con una batea y comienzo a sacar la miel de los marcos. La dejo tres días en tambor, para lograr una óptima limpieza. Durante este periodo, por procesos naturales de la miel, las impurezas suben a la superficie, dejando abajo una miel limpia y pura, lista para envasar.
Las cajas coloridas de las colmenas marcan presencia desde lejos, sus colores armónicos distinguen y encantan los espacios donde realizo mi trabajo, así me conecto con este mundo tan singular. Desde temprano en la mañana, las abejas viajan a buscar el polen, entonces se escucha un zumbido que indica que están disfrutando de las bondades del bosque nativo. Al atardecer, las abejas vuelven a descansan a la colmena, a la espera de un nuevo día.
Realizado la “mielada” en primavera, entre los meses de septiembre y diciembre. Este es el periodo en que las abejas recolectan el néctar de los árboles para convertirlo en miel al interior de los coloridos cajones. Dependiendo de la fecha es el extracto vegetal que recolectan, ya que los variados árboles de la zona florecen en distintos momentos, cada árbol necesita condiciones específicas de temperatura y humedad para generar su néctar.
Para que funcione la increíble dinámica que existe al interior de cada colmena, las abejas tienen una reina, ella es la encargada de la reproducción. Junto a la reina se encuentran las obreras jóvenes o nodrizas, quienes siempre se mantienen dentro de la colmena. Luego están las pecoreadoras, las que salen a recolectar el polen. Y, finalmente, las arquitectas, encargadas de limpiar los marcos y formar las típicas celdillas hexagonales.
Una vez que la cosecha terminó, la miel se transporta y lleva a la sala de extracción. Tengo una zona de descarga donde ubico todos los cajones. Luego cargo la centrífuga con una batea y comienzo a sacar la miel de los marcos. La dejo tres días en tambor, para lograr una óptima limpieza. Durante este periodo, por procesos naturales de la miel, las impurezas suben a la superficie, dejando abajo una miel limpia y pura, lista para envasar.