Para los que no saben, el chacolí tuvo su apogeo en el siglo XIX y ha estado presente en momentos importantes de nuestra historia republicana. Se cuenta que luego de la batalla de Chacabuco, los soldados vencedores, sobre todo O`Higgins y San Martín, brindaron con chacolí en un banquete organizado por las hijas y yernos del desterrado Juan Enrique Rosales. Así de importante es nuestro producto; Doñihue es el guardián del chacolí.
Nuestra casa es acogedora, es una construcción antigua, típica del campo de la zona rural. El parrón está afuera, al costado de la casa y en él se pueden ver los racimos de uvas que utilizamos para la fabricación del chacolí. Nuestra bodega es de adobe, con vigas a la vista. El techo está cubierto por las tradicionales tejas coloniales de arcilla y el piso es de tierra. En nuestro hogar, en cada rincón, está inscrita la técnica y sabiduría de don Filomeno.
Cristina, mi mujer, es quien cuida del huerto y sus flores. Los aromas que emana el lugar impregnan a los visitantes con notas frescas. La tierra húmeda y fértil es el sostén de nuestra familia. Los lirios suman un colorido inigualable a su jardín, las tonalidades moradas, naranjas, rosadas, amarillas, más sus tallos y verdes hojas, se trasforman en el paisaje perfecto para guardar en la memoria de quienes lleguen hasta acá.
La uva de nuestros parrones la usamos solamente para fabricar el chacolí. Para la chicha debemos comprarla, esto lo hacemos en Doñihue y sus alrededores. Utilizamos Uva País, Italia (Moscatel de Alejandría) y Torontel. La fruta para hacer conservas, mermeladas y licores la compramos a productores locales o en el mercado de Rancagua. Tenemos nuestros caseros, conocemos la calidad de la fruta, eso es fundamental para nosotros.
Para los que no saben, el chacolí tuvo su apogeo en el siglo XIX y ha estado presente en momentos importantes de nuestra historia republicana. Se cuenta que luego de la batalla de Chacabuco, los soldados vencedores, sobre todo O`Higgins y San Martín, brindaron con chacolí en un banquete organizado por las hijas y yernos del desterrado Juan Enrique Rosales. Así de importante es nuestro producto; Doñihue es el guardián del chacolí.
Nuestra casa es acogedora, es una construcción antigua, típica del campo de la zona rural. El parrón está afuera, al costado de la casa y en él se pueden ver los racimos de uvas que utilizamos para la fabricación del chacolí. Nuestra bodega es de adobe, con vigas a la vista. El techo está cubierto por las tradicionales tejas coloniales de arcilla y el piso es de tierra. En nuestro hogar, en cada rincón, está inscrita la técnica y sabiduría de don Filomeno.
Cristina, mi mujer, es quien cuida del huerto y sus flores. Los aromas que emana el lugar impregnan a los visitantes con notas frescas. La tierra húmeda y fértil es el sostén de nuestra familia. Los lirios suman un colorido inigualable a su jardín, las tonalidades moradas, naranjas, rosadas, amarillas, más sus tallos y verdes hojas, se trasforman en el paisaje perfecto para guardar en la memoria de quienes lleguen hasta acá.
La uva de nuestros parrones la usamos solamente para fabricar el chacolí. Para la chicha debemos comprarla, esto lo hacemos en Doñihue y sus alrededores. Utilizamos Uva País, Italia (Moscatel de Alejandría) y Torontel. La fruta para hacer conservas, mermeladas y licores la compramos a productores locales o en el mercado de Rancagua. Tenemos nuestros caseros, conocemos la calidad de la fruta, eso es fundamental para nosotros.
Para los que no saben, el chacolí tuvo su apogeo en el siglo XIX y ha estado presente en momentos importantes de nuestra historia republicana. Se cuenta que luego de la batalla de Chacabuco, los soldados vencedores, sobre todo O`Higgins y San Martín, brindaron con chacolí en un banquete organizado por las hijas y yernos del desterrado Juan Enrique Rosales. Así de importante es nuestro producto; Doñihue es el guardián del chacolí.
Nuestra casa es acogedora, es una construcción antigua, típica del campo de la zona rural. El parrón está afuera, al costado de la casa y en él se pueden ver los racimos de uvas que utilizamos para la fabricación del chacolí. Nuestra bodega es de adobe, con vigas a la vista. El techo está cubierto por las tradicionales tejas coloniales de arcilla y el piso es de tierra. En nuestro hogar, en cada rincón, está inscrita la técnica y sabiduría de don Filomeno.
Cristina, mi mujer, es quien cuida del huerto y sus flores. Los aromas que emana el lugar impregnan a los visitantes con notas frescas. La tierra húmeda y fértil es el sostén de nuestra familia. Los lirios suman un colorido inigualable a su jardín, las tonalidades moradas, naranjas, rosadas, amarillas, más sus tallos y verdes hojas, se trasforman en el paisaje perfecto para guardar en la memoria de quienes lleguen hasta acá.
La uva de nuestros parrones la usamos solamente para fabricar el chacolí. Para la chicha debemos comprarla, esto lo hacemos en Doñihue y sus alrededores. Utilizamos Uva País, Italia (Moscatel de Alejandría) y Torontel. La fruta para hacer conservas, mermeladas y licores la compramos a productores locales o en el mercado de Rancagua. Tenemos nuestros caseros, conocemos la calidad de la fruta, eso es fundamental para nosotros.